sábado 31 de octubre de 2009

Los secretos del Club Bilderberg









Daniel Estulin
Extraído de su Libro "Los Secretos del CLUB BILDERBERG". Editorial Bronce.


CAPÍTULO 5

Los hombres, para hacer el mal, deben primero creer que lo que hacen es bueno.
ALEXANDER SOLZHENITSYN

La información y los hechos presentados en las páginas de este penúltimo capítulo son cosas que quizá usted no haya escuchado nunca o no considere posibles. En cualquier investigación criminal, uno tiene que comprender los hechos, analizar las pruebas y comprobar los motivos, los medios y la oportunidad de cometer un crimen. Es mucho más que un simple hurto o robo. Los criminales que toman parte en estas operaciones son los psicópatas más despiadados del Planeta. Para ocultar sus crímenes, estos individuos, que a menudo tienen poderosos valedores, mienten y engañan para que la verdad no salga a la luz. Como he demostrado a lo largo de este libro, no renuncian a ningún medio, por sucio que sea, ni a ninguna acción, por reprensible que resulte para proteger a los que de verdad tienen el poder y dirigen el mundo desde las sombras. En este capítulo trataremos de descifrar su mayor secreto, de ir entre bastidores para comprender quién y qué estuvo tras los ataques «terroristas» del 11 de septiembre. Y trataremos de responder a la pregunta más inquietante de todas: ¿por qué un grupo de individuos decidió cometer un acto tan despreciable?

Sin embargo, si espera que le detalle una larga lista de pruebas científicas, como el papel que desempeñaron los cuchillos en el colapso del edificio 7 del World Trade Center, o el que desempeñó el revestimiento de aluminio o la resistencia de las columnas de acero, quedará totalmente decepcionado. No tengo intención de volver a analizar lo que ya ha sido ampliamente debatido y escrito en la prensa sobre las pruebas físicas de los atentados del 11 de septiembre.

Los motivos son bastante sencillos. Las pruebas científicas de ese tipo, con las que nos han bombardeado durante los dos últimos años sobre los verdaderos culpables del 11-S son problemáticas. Acostumbran a no tener sentido para el lector medio hasta que un experto las explica. El problema con los expertos es que habitualmente sirven a sus intereses que no siempre son compatibles con la verdad. El testimonio de un «experto» puede ser engañoso, distorsionar la verdad o ser directamente falso, dependiendo de quiénes controlen al «experto» y cuáles sean sus objetivos. Como he demostrado a lo largo del libro, rara vez la cara visible es quien realmente manda. En las operaciones ilegales de los gobiernos, especialmente en aquellas en que no ha podido evitarse que salgan a la luz, los gobiernos harán todo lo que esté en su poder para sacar a la palestra el mayor número de «expertos» para que ayuden a aclarar cualquier malentendido. En el tribunal de la opinión pública, los controladores de «expertos» que dispongan de más fondos pueden fácilmente confundir la verdad, a veces ofreciendo, a propósito, explicaciones incomprensibles y confusas para conseguir que el pueblo se someta. Los buenos y honrados ciudadanos nunca sospecharían que su propio gobierno haya recurrido a tales tácticas. Algo parecido ha pasado con el 11-S y la investigación de quienes fueron los verdaderos instigadores de aquel terrible suceso. Ha sido secuestrada, infiltrada y neutralizada desde dentro con un sólo propósito: oscurecer y confundir.

Según los detectives de la policía, la mayoría de los homici­dios se resuelven antes de que hayan pasado tres días del hecho. No ha sido así con los atentados del 11-S. El peligro que esto representa para la psique pública es que el caso se estanque Y que los oficiales al cargo sean reasignados a otras investigaciones cuya atención sea más inmediata. Eso quiere decir que la ventana de oportunidad para que el caso se resuelva de verdad se está cerrando rápidamente. Y una vez que se declaran cerradas las investigaciones públicas «oficiales», encontrar a los ver­daderos culpables de lo que fue el atentado más salvaje de toda la historia en suelo norteamericano resulta difícil.

Los atentados del 11-S han eliminado para siempre los últimos vestigios de humanidad de este sitiado Planeta y son obra de un grupo de individuos de los que nadie había oído hablar nunca. A menos que podamos desentrañar la raíz de este fenómeno, los cambios fundamentales que han originado se volverán permanentes para siempre. Y eso significaría el fin de la democracia y la libertad.

Este grupo no es una sociedad secreta, una hermandad vinculada a los temidos bilderbergers, al CFR o a la Comisión Trilateral. Este grupo es la esencia pura de todas esas organizaciones, lo que las mantiene vivas y las hace respirar, su alma y su filosofía. Se conoce como Nazismo Internacional; sin em­bargo, en realidad se llaman «los sinarquistas».

Se dice que Benito Mussolini, en la cúspide de su poder, afirmó que «sería más correcto llamar al fascismo "corporativismo", dado que es la fusión del poder estatal y corporativo». En el mundo actual, el fascismo, como demostraré antes de que acabe este capítulo, es lo que está tras el 11 de septiembre de 2001. Estos actos terroristas fueron el trampolín necesario para cometer atrocidades mayores de las que seremos víctimas en breve y que causarán una carnicería humana aún mayor, en cuyo nombre se están librando unas «guerras contra el terror» cuyo fin no vislumbra. Es una transición provocada por la crisis en aras de la supervivencia humana. La supervivencia de la raza humana que, aunque la mayoría no lo sepamos, está en peligro de extinción. A pesar de que los gobiernos han llamado a esta contienda «guerra antiterrorista», la verdadera batalla es la que hace referencia a la energía, o más bien a su escasez, al ser el bien más indispensable para la vida en el Planeta. Quien finalmente gane esta guerra decidirá quién vive y quién muere.

La información de este capítulo y, en conjunto, de este libro, pone en tela de juicio las creencias más sagradas que tenemos. Eso es intencionado. No pretendo provocar por provocar; sólo hacer reflexionar. Y debemos hacerlo porque a menudo se le da un papel secundario a la verdad en el terreno de la opinión pública y la víctima de esa mala voluntad se convierte, involuntariamente, en nuestro futuro.

La energía

El petróleo y el gas natural son recursos limitados y no renovables, ya que una vez que se consumen no pueden reponerse. Cuando analicemos los atentados terroristas en Estados Unidos, esto desempeñará un papel importante en la investigación. Desde principios del siglo XX, la humanidad ha consumido la mitad de todos los hidrocarburos (petróleo, gas natural) que existen en el Planeta desde hace millones de años. Esto no quiere decir que nos queden reservas petrolíferas para, como mínimo, otros cien años, un cojín lo suficientemente bueno mientras buscamos una solución viable invirtiendo dinero en el problema. De hecho, quedan reservas de petróleo para unos veinte años, tal como los propios bilderbergers han confirmado en la reunión que mantuvieron en Rottach-Egern, Alemania, en 2005. El 12 de mayo de 2005, en mi informe del Club Bilderberg anual, predije que el precio del petróleo subiría hasta los 150 dólares por barril en los dos años siguientes, en un momento en que el petróleo cotizaba a 42 dólares. Este dato procedía de contactos en los servicios de Inteligencia y de miembros del Club Bilderberg.

Es muy difícil encontrar pozos petrolíferos. La inversión que las empresas en el sector energético como Bp, Royal Dutch Shell, Exxon, Lukoil, Texaco y UNOCAL deben realizar para encontrar petróleo puede ser de cientos y miles de millones de dólares y lo que es peor: para mantenerse necesitan explorar más y encontrar otro pozo, y después otro más, y otro más para que les garanticen beneficios. De eso se trata. Y los beneficios, que se logran a través del crecimiento, no son posibles sin la energía.

Pero dado que la demanda global de petróleo y gas natural crece mucho más rápido que la oferta de nuevos suministros que se encuentran, estas empresas, así como sus beneficios corporativos y su principal línea de producción, se enfrentan a un problema. A medida que las reservas se agotan, el coste de las excavaciones se pone por las nubes y los ingresos se reducen. Para seguir siendo competitivas y mantener una ventaja diferencial con respecto a la competencia, las empresas del sector energético, cuyos miembros del consejo de administración y la mayor parte de los accionistas son, curiosamente, todas las empresas y los individuos poderosos del mundo, deben mantener y aumentar el control de una cantidad cada vez mayor de campos petrolíferos para seguir garantizando a los accionistas un rendimiento rentable de la inversión. Éste es el mito del crecimiento infinito.

Algunos de los campos petrolíferos se comprarán directamente de las empresas de la competencia en quiebra; otros se adquirirán estableciendo joint ventures, y otros, a través de fu­siones y adquisiciones. Finalmente, los campos más rentables, los que contienen la mayor cantidad de petróleo -como Arabia Saudí y su 25 % de la oferta petrolífera mundial, el 13 % de Irán y el 11 % de Iraq-, se explotarán mediante agresivas iniciativas militares. Dado que esta lucha, en última instancia, determinará el mapa geopolítico del Planeta en un futuro no muy lejano, se trata, de hecho, de una batalla por la supervivencia. El que controle la energía en el siglo XXI controlará la vida del Planeta y de todos sus habitantes.

En la actualidad, según Walter Youngquist, doctor y catedrático de honor del Departamento de Geología de la Universidad de Oregón, así como uno de los principales expertos en energía, «en la actualidad, el mundo consume aproximadamente veintiséis mil millones de barriles de petróleo al año, pero en los nuevos campos se están descubriendo menos de seis mil millones». En aritmética simple, la proporción es bastante preocupante. Para simplificarlo de algún modo, el mundo consume entre cuatro y seis barriles de petróleo por cada nuevo barril que se encuentra. Eso no es lo que los accionistas en busca de beneficios ilimitados quieren oír.

Conforme el mundo gira, ya medida que disminuyen las reservas de petróleo y de gas natural mientras que la demanda aumenta desmesuradamente, sobre todo desde que las prósperas economías (El estadounidense medio consume 25 barriles de petróleo al año. El chino medio, 1,3. El indio medio, menos de un barril. Christian Science Monitor, 20 de enero de 2005) india y china quieren tener los mismos caprichos y privilegios del estilo de vida norteamericano, nosotros, como Planeta, hemos sobrepasado el límite en la producción y descubrimiento de petróleo. A partir de ahora, lo único que tenemos seguro es que la oferta seguirá reduciéndose y que los precios seguirán subiendo. En estas condiciones, el conflicto mundial es una realidad física. Hemos llegado a un punto sin retorno. Aquellos que comprenden el auténtico choque de civilizaciones que nos espera en un futuro no muy lejano denominan a este fenómeno pico del petróleo.

El 12 de enero de 2004, IHS, la consultoría más importante del mundo, que cataloga las reservas petrolíferas y el descubrimiento de campos petrolíferos, anunció en su suplemento anual que en el año 2003, por primera vez desde la década de 1920, «no ha existido ni un solo descubrimiento de un campo de más de 500 millones de barriles». ¿Qué importancia tiene esta afirmación, que curiosamente fue totalmente ignorada por la prensa de masas? El Planeta Tierra consume mil millones de barriles de petróleo cada 11,5 días. Sin nuevos campos petrolíferos no hay crecimiento, se reducen los beneficios y se encarece la gasolina para nuestro coche. La falta de nuevos campos petrolíferos también tiene consecuencias directas para los pobres del planeta. Nos quejamos de que pagamos 1 euro por litro de gasolina. ¿Cómo se sentiría si pagase 5 o incluso 10 euros por litro? Si la demanda sigue aumentando como ahora y la oferta continúa reduciéndose a un ritmo alarmante, como ocurre en este momento, las consecuencias de ello serán fácilmente predecibles. Por ejemplo, cuesta mucho dinero transportar bienes perecederos de un punto A a un punto B. Si el litro llega a los 10 euros, los costes se trasladarán al consumidor. ¿Le gustaría pagar 300 euros por un kilo de manzanas? Los pobres no podrán permitírselo. Algunos tendrán que recurrir al robo para alimentar a sus famélicas familias. Otros, demasiado débiles o enfermos, o inválidos, morirán simplemente por inanición. La misma explicación sirve para la calefacción de la casa. Los pobres, sobre todo en los países nórdicos, morirán de frío, congelados hasta morir. Éste no es el guión de una película de aventuras de Hollywood, sino que se trata de nosotros, los habitantes de este Planeta, y de lo que cabe esperar en los próximos veinte años. De hecho, serán menos de veinte años. Los bilderbergers admitieron el año pasado en su conferencia secreta (lo comuniqué en mi informe del Club Bilderberg en mayo de 2005) que al Planeta le quedan reservas petrolíferas para unos veinte años más. Sin embargo, transcurren entre tres y cinco años desde que se encuentra un campo petrolífero, se le extrae el petróleo y se lo usa en el coche. Lo mire como lo mire, a menos que encontremos, más petróleo, el Planeta está condenado. Y el descubrimiento global de petróleo alcanzó su punto álgido en los sesenta, según afirmó Christian Science Monitor, el 29 de enero de 2004.

Éste es el telón de fondo contra el que analizamos el 11-S. ¿Por qué no ha visto esto en el periódico o en su telediario nocturno favorito? Porque los gobiernos y los mercados financieros harán todo lo posible por ocultarle esta información sumamente crucial. Es la «única» noticia sumamente importante que afecta a nuestro futuro. Si se acaba el petróleo, se acaba la vida. Punto. Lo repetiré: quien controle el petróleo decidirá quién vive, quién muere, quién come y quién no.

Esta idea también la expresó el primer ministro francés, miembro del Bilderberg, Dominique de Villepin, citado por Reuters ell de septiembre de 2005: «Hemos entrado en la era postpetróleo. Quiero extraer todas las consecuencias que tiene esto y dar un impulso real al ahorro energético y al uso de energías renovables.» Jeroen van der Veer, director ejecutivo de Royal Dutch Shell y miembro a tiempo completo del círculo interno del Club Bilderberg, confirmó lo que la Administración Bush y otros expertos en energía opinaban desde hacía algún tiempo. En una entrevista en The Financial Times, propiedad del Club Bilderberg, publicada el 24 de enero de 2006, declaró: «En mi opinión, el petróleo ”fácil" ha pasado probablemente su punto álgido.»

Tenga por seguro que el Bilderberg y sus homólogos conocen bien la eminente crisis del petróleo. De hecho, durante los últimos veinte años, la energía ha sido siempre el primer punto en su programa anual. En abril de 2001, cuatro meses y medio antes del 11-S, el Consejo de Relaciones Exteriores y James A. Baker III, secretario de Estado de Bush padre, y miembro del CFR, del Club Bilderberg y de la Comisión Trilateral, publicaron un detallado estudio sobre los problemas energéticos a escala mundial. El informe, que apareció en la página web del CFR, confirmó que la cábala secreta vinculada al Bilderberg conoce bien el «Pico del Petróleo» y sus catastróficas consecuencias: «El fuerte crecimiento económico mundial y la nueva demanda global de energía ha significado el fin de la capacidad sostenible de contar con excedente de combustibles hidrocarburos y el inicio de la limitación de dicha capacidad. De hecho, el mundo está precariamente cerca de utilizar toda la producción mundialmente disponible, lo cual aumenta la probabilidad de que se produzca una crisis en el suministro de petróleo con consecuencias de mayor envergadura que las observadas en treinta años. Estas elecciones afectarán a otros objetivos de la política estadounidense: la política estadounidense respecto a Oriente Medio, la política estadounidense respecto a la antigua Unión Soviética y China, y la lucha contra el terrorismo internacional. Mientras tanto, en gran parte del mundo en vías de desarrollo, la infraestructura energética se está viendo gravemente desafiada por la creciente demanda consumista de la creciente clase media, sobre todo en las economías asiáticas, caracterizadas por un gran crecimiento y una gran cantidad de población. Cuando el crecimiento de la demanda chocó con los límites de la capacidad y el abastecimiento a finales del siglo pasado, los precios subieron en todo el espectro energético, en casa (Estados Unidos) y en el extranjero» (Desafíos Estratégicos para el Programa de Energía en el Siglo XXI: Informe del Cuerpo Independiente, CFR).

Es interesante mencionar que el controlador personal de James Baker era el barón Harold Anthony Caccia, el miembro más importante de la Mesa Redonda del mundo, según mis contactos en el Servicio de Inteligencia Secreto británico (MI6). Caccia dirige también la Venerable Orden de San Juan de Jerusalén, gestionada por la Inteligencia británica MI6 y MIS. Además, Caccia fue uno de los controladores directos del presidente Kennedy, hasta que Kennedy decidió rebelarse, lo cual provocó su asesinato por el MI6. De hecho, los Caccia son una de las familias más antiguas de la Nobleza Negra, en la que el barón Caccia estaba vinculado al Chase Manhattan Bank de los Rockefeller, el Orion Bank, el Lombardo dier Bank y el National Westminster Bank.

11-S. ¿Qué pudo causar un atentado tan despiadado contra objetivos civiles desarmados e inocentes?

Michael C. Ruppert, ex policía de la división de narcóticos de la policía de Los Ángeles, ha expresado durante más de dos años su firme opinión en las páginas de su publicación en Internet From the Wil­derness: «Los secretos más profundos y oscuros del 11 de septiembre yacen enterrados en los archivos del Grupo para el Desarrollo de Política Energética Nacional [NEPDG, por sus siglas en inglés], que inició su andadura casi el mismo día en que la Administración Bush entró en funciones y elaboró su informe final en mayo de 2001, justo cuatro meses escasos antes de que el World Trade Center dejara de existir.» Entre los expertos del Departamento de Energía se encontraba Matthew Simmons, uno de los mayores banqueros de inversiones energéticas del mundo, que lleva años denunciando la inminente crisis del Pico del Petróleo. Ruppert continúa: «El motivo, la verdad apocalíptica que impulsaría esa carnicería y un violento giro de ciento ochenta grados en la evolución de la historia de la humanidad; lo que nadie querría saber jamás; lo que hace totalmente creíble que el gobierno estadounidense podría haber facilitado deliberadamente los atentados del 11-S está a punto de descubrirse totalmente.» Nunca se hizo público el documento, una clara violación de la Constitución estadounidense. La decisión llegó hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos, donde se votó en contra con un margen de 7 a 2 de los jueces, conservadores en su mayoría. Las migajas que se han publicado, gracias a las presiones amparadas en la Ley de Libertad de Información, nos dan una pista de lo que se debatió y planeó en el NEPDG.

· Un mapa detallado de todos los campos petrolíferos iraquíes (11 % de la oferta petrolífera mundial).
· Una lista específica de dos páginas, en las que se incluían todos los países con contratos de proyectos de desarrollo de petróleo y gas iraquíes, y las empresas implicadas antes del 11-S.
· Un mapa detallado de todos los campos petrolíferos de Arabia Saudí, que constituyen el 25 % de la oferta petrolífera mundial. Una lista de los principales proyectos de desarrollo de petróleo y gas en Arabia Saudí.
· Un mapa detallado de todos los campos petrolíferos de Emiratos Árabes Unidos, que significan el 8 % de la oferta petrolífera mundial.
· Una lista de todos los proyectos de desarrollo de gas y petróleo en los Emiratos Árabes Unidos.

En 1997, Zbigniew «Zbig» Brzezinski, miembro del CFR y del Club Bilderberg, fundador de la Comisión Trilateral y asesor en política exterior de todas las administraciones estadounidenses desde Carter hasta Bush padre, escribió un libro, encargado por el CFR, que se convirtió en un anteproyecto virtual de la política exterior de la Administración de George W. Bush. Se titulaba El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Este libro se convirtió en el propio fundamento de los atentados del 11-S. De hecho, el CFR, como expliqué en La verdadera historia del Club Bilderberg, dirige toda la política exterior del gobierno estadounidense. Además, es una rama del Royal Institute of lnternational Affairs, con sede en Gran Bretaña y controlado por la reina de Inglaterra, y da forma a esa política exterior a través de los informes de sus libros blancos, que pretenden influir en los mercados y en los gobiernos. De hecho, cada libro blanco del CFR ha previsto los acontecimientos con seis meses de antelación. ¿O acaso el CFR les da forma directamente?

En lo que constituye un paralelismo asombroso con los acontecimientos del 11-S el libro de Brzezinski, escrito cuatro años y medio antes del 11-S, explica que el fenómeno del Pico del Petróleo no fue ninguna sorpresa para la Administración Bush y otros altos cargos del gobierno. Por ejemplo, James Woolsey, ex director de la CIA y ahora miembro de un pode­roso círculo responsable de promover un programa extremista denominado Proyecto para el Nuevo Siglo Norteamericano (PNAC) -una agresiva estrategia política en materia de «defensa» y asuntos exteriores, desarrollada desde 1997 por un grupo respaldado por los neoconservadores en torno a la Administración Bush y cuya puesta en práctica está dirigida por el vicepresidente Cheney-, fue citado en una entrevista al CFR, publicada en The Washington Post el 7 de junio de 2000, en la que afirmó que la crisis energética «tendría un grave efecto, sería global en cuanto alcance y sería difícil de resolver. Simplemente, será inaudita […]. Oriente Medio se convertirá cada vez más en la fuente mundial de petróleo, lo cual es un problema estratégico tanto para nosotros como para muchos otros países.» De hecho, en un artículo titulado «The New Petroleum», publicado en el número de enero/febrero de 1999 en la revista Foreign Affairs, se dice que «el objetivo subyacente de las fuerzas de las Naciones Unidas en la guerra del Golfo 1, en la que participaron 500.000 tropas norteamericanas, era garantizar un acceso continuo y libre al petróleo».

El libro de Brzezinski, El gran tablero mundial la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos, ahonda en la necesidad de que exista una catástrofe importante (como Pearl Harbor, por ejemplo) para crear un Nuevo Orden Mundial. Y el telón de fondo de esto es la energía. La energía es el petróleo y el gas natural. Bush es petróleo. Petróleo es Bush. La Administración Bush está repleta de individuos que antes estaban vinculados al petróleo: Bush, Cheney, Rumsfeld y Rice (ex miembro del Consejo de Administración de ExxonMobil). Ellos, antes de que cualquiera de nosotros supiera la existencia del fenómeno denominado Pico del Petróleo, ya conocían demasiado bien su inicio y sus terribles consecuencias. En algún momento entre finales de 1998 y principios del año 2000, cuando llegaron los informes confidenciales sobre la perforación y exploración de la cuenca del mar Caspio (al principio se creía que allí había reservas de petróleo y gas natural suficientes como para abastecer al mercado durante el resto del siglo XXI), estos individuos se dieron cuenta del inminente desastre del Pico del Petróleo y la inminencia de un colapso económico internacional, según se desprende del artículo «Global Economic Collapse Likely: Derivatives Bubble about to burst ­Manipulated Gold Prices About to explode», publicado en From the Wilderness el 9 de septiembre de 2001. ¿Qué ocurriría si los mercados y, en consecuencia, los accionistas y políticos y en última instancia la población se enteraran de que las cifras relativas a las reservas de energía se han inflado para ocultar el inminente desastre? En Crossing the Rubicon, Ruppert afirma que «los resultados del Caspio no podían mantenerse para sIempre en secreto».

Algunos pueden argumentar que el alza de los precios es un fenómeno especulativo. Otros podrían afirmar que los recortes en la producción son artificiales, que se trata de un claro caso de avaricia y de estafa. Que la OPEP y los países capitalistas de Occidente se han confabulado para reducir la producción y así ganar más dinero. El CFR y el Club Bilderberg, Bush y Cheney, James Baker III y Brzezinski y los demás lo saben mejor. Pero no espere que lo confiesen. El Pico del Petróleo es un fenómeno que se aproxima a gran velocidad. Después de todo, la producción de petróleo estadounidense alcanzó su punto álgido en los años setenta. Algo debía hacerse. Carter lo sabía. También lo sabía Ronald Reagan. Y también lo sabían Bush padre, Clinton y Bush hijo. Brzezinski, controlado por Rockefeller y por los miembros del CFR, vio que el futuro estaba en el control de Eurasia, en el territorio de la antigua Unión Soviética, en las antiguas Repúblicas de Asia central de la ahora extinta segunda superpotencia mundial. Al controlar Eurasia, se controlaba el mundo. El intento del Club Bilderberg de destruir Rusia fue una tentativa para controlar Eurasia, forzando al país a someterse desde el punto de vista económico y político. De nuevo, El gran tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos prevé todos estos acontecimientos. ¿O acaso se los hicieron prever a Brzezinski sus controladores del CFR?

Esto es lo que «Zbig» nos dice en su libro: «La potencia que dominase Eurasia controlaría dos de las tres regiones del mundo más avanzadas y productivas desde el punto de vista económico. Aproximadamente el 75 % de la población mundial vive en Eurasia y la mayor parte de la riqueza física del mundo está también allí, tanto en las empresas como en el subsuelo. Eurasia alberga casi tres cuartas partes de los recursos energéticos que se conocen en el mundo [...]. Pero los Balcanes de Eurasia son infinitamente más importantes como posible premio económico: en la región existe una enorme concentración de reservas de gas natural y petróleo.» Para entender la espiral de violencia que ha azotado al mundo desde el 11-S, debemos poner el «atentado terrorista» en el contexto del Pico del Petróleo, es decir, la disminución de las reservas de petróleo y lo que significa para la supervivencia del Planeta. Eurasia es una parte integral del plan global, tal como ha afirmado Brzezinski. En la investigación criminal, estos dos mapas que aparecen en el libro de «Zbig», dibujados a lo largo de los cuatro años anteriores a la cadena de acontecimientos del 11-S, sin duda se admitirían como prueba en cualquier tribunal de justicia. A uno de los mapas le llamó «La Zona Global de Filtración de Violencia». Al segundo mapa le denominó «Los Balcanes de Eurasia». En el segundo mapa, Brzezinski dibujó un círculo con una larga línea de puntos para indicar dónde, según él, o más bien el CFR, tendría lugar el siguiente conflicto global.

Se ha definido el conflicto que finalmente daría lugar al 11-S. Los mapas demuestran claramente que se trata de una guerra radical contra cualquier enemigo con el fin de controlar las reservas petrolíferas que quedan en el mundo. En última instancia, se trata de un conflicto en aras de la dominación global. El 14 de febrero de 2002, el periodista israelí Uri Averny escribió en el periódico Ma'ariv que «si uno se fija en el mapa de las grandes bases estadounidenses creadas [tras el 11-S], le sorprende que sean completamente idénticas a la ruta del oleoducto proyectado hasta el océano Índico».

De nuevo, la previsión de Brzezinski es excepcional; no olvidemos que son el Bilderberg y el CFR los que establecen la política exterior en Estados Unidos. Brzezinski es un mensajero y, por cierto, muy útil. Tal como «predijo» hábilmente en 1997, estos conflictos, de Afganistán a Asia Central e Iraq, a África Occidental y a Irán, sólo han ocurrido en países en los que se ha demostrado que poseen una considerable cantidad de hidrocarburos o que, como en el caso de Afganistán, son clave para su distribución. Bajo la carnicería, el sacrificio humano, la destrucción y las guerras, subyace un fenómeno demasiado real que se llama Pico del Petróleo.

Esto quedó más que confirmado por el ministro de Asun­tos Exteriores británico, Jack Straw, durante su discurso frente a un grupo de más de ciento cincuenta diplomáticos británicos el 10 de enero de 2003. Straw admitió que el futuro abastecimiento de petróleo fue un criterio clave que motivó la decisión de Gran Bretaña de intervenir en la guerra de Iraq liderada por Estados Unidos. El 11 de diciembre de 2004, The Times publicó que «el agotamiento de las reservas de gas en el mar del Norte y el mar de Irlanda [...] se prevé que "Gran Bretaña tenga que importar el 75 % del gas que necesita en el 2015». De hecho, la situación es mucho peor de lo que auguran las previsiones de los expertos más pesimistas. Según la World Socialist Website, «más del 92 % del petróleo y el 81 % del gas que necesita Europa tendrá que importarse del extranjero en el plazo de treinta años. El país o países que puedan llegar a controlar este crucial recurso se asegurarán una mayor ventaja con respecto a sus competidores internacionales.

Éste es uno de los factores fundamentales que motiva la política estadounidense en Oriente Medio. Al ocupar Iraq y confiscar sus recursos petrolíferos, Estados Unidos espera establecer su hegemonía indiscutible frente a Europa y Japón». [«Britain: Foreign Secretary Admits Oil Central to War vs. Irak», World Socialist Wéb 5ite, Julie Hyland, 14 de enero de 2003.]

Michael C. Ruppert, en su revelador libro sobre el 11-S, Crossing the Rubicon, deja bastante claro lo que Estados Unidos tiene previsto hacer en el futuro inmediato. Afirma que «al ocupar Afganistán y resucitar el comercio de opio [tal como he explicado en gran detalle en el capítulo sobre Kosovo], el Imperio logró cumplir varias tareas importantes. Primero, protegió los flujos de capital hacia sus mercados financieros, que se estaban tambaleando. Mediante su primer despliegue en Uzbekistán, Pakistán, Kyrgyzstán, Jordania y Georgia, seguido más tarde del importante despliegue en Qatar y Omán, cercó rápidamente Oriente Medio. Con un mayor despliegue en Turquía, Egipto, Arabia Saudí y Kuwait, presentó al mundo un fait accompli para dar el siguiente paso en su plan. De hecho, tanto The Guardian como la CNN, la FaX, The Observer y el profesor de derecho internacional de la Universidad de Illinois, Francis Boyle, afirman que entre el 1 y 10 de septiembre de 2001, en unas maniobras -la operación «Espada Rápida», planeada durante hacía cuatro años-, 23.000 soldados británicos se dirigieron hacia Omán. Al mismo tiempo, dos navíos estadounidenses se estacionaron en el golfo de Arabia, justo frente a la costa pakistaní. También, al mismo tiempo, aproximadamente 17.000 soldados estadounidenses se unieron a los más de 23.000 soldados de la OTAN en Egipto para la operación «Estrella Brillante». Todas estas fuerzas estaban situadas en sus puestos antes de que el primer avión se estrellara contra el World Trade Center. Un gran operativo de preparación de una guerra clandestina estaba en marcha. La guerra de Afganistán no fue planeada después del 11-S, sino que fue diseñada y puesta en práctica mucho, mucho antes.

Y, aunque la búsqueda de petróleo en el Caspio resultó ser un fracaso, el acuerdo final entre Pakistán, Afganistán y Turkmenistán para iniciar la construcción del gasoducto transafgano para abastecer a la India se firmó el 27 de diciembre de 2002. El tiempo dirá si Afganistán se calma lo suficiente como para ver ese trabajo finalizado. La transferencia de las operaciones militares de Estados Unidos a la OTAN el 11 de agosto de 2003 puede representar un paso importante en esa dirección. De hecho, la OTAN, desde su primera misión ofensiva en Yugoslavia, se ha convertido en un Ejército mundial de facto, tal como había esperado el Club Bilderberg.

El 11-S de George W. Bush fue el Pearl Harbor de Franklin Delano Roosevelt, un acontecimiento «cataclísmico» de alcance internacional capaz de encender la chispa en un país entero para que inicie una conquista, una guerra, que, según Bush y Cheney, «no tendrá fin mientras vivamos». Detrás de ésta y de cualquier otra guerra que se declare de ahora en adelante se luchará por el abastecimiento de energía, en constante declive. El Bilderberg está sumamente preocupado. Noté esa preocupación durante su congreso anual del año 2005. No eran precisamente un grupo de personas felices. Según los cálculos del experto en energía petrolífera Jan Lundberg, Estados Unidos ha perdido entre el 20 yel 25 % de sus recursos energéticos por el huracán Katrina. El precio del crudo subió hasta más de 70 dólares por barril, y sin embargo, los saudíes siguieron sin aumentar la producción. Los mismos saudíes que desde hace tres años hacen alarde de las infinitas cantidades de petróleo que tienen bajo sus pies. La respuesta simple es que, sencillamente, no pueden. Están tocando fondo, según el informe «Paris Peak Oil Conference Reveals Deepening Crisis», publicado en From the Wilderness el 30 de mayo de 2003. Hacemos oídos sordos a esto, con el consiguiente riesgo que supone para nosotros. Y si a los saudíes ya no les queda petróleo de sobras, tenemos un grave problema.

El 11-S marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. No porque un gobierno usara a un grupo de peleles para cometer un horrible crimen. Eso ya se había planeado y ejecutado antes. Los atentados terroristas fallidos de 1993 en el World Trade Centre son sólo un ejemplo. En su libro Body of Secrets, publicado en 2001, James Bamford describe la confidencial operación «Northwoods», un plan urdido por el propio gobierno de Estados Unidos para atacar infraestructuras y hacer explotar aviones estadounidenses, y así culpar al gobierno de Fidel Castro como pretexto para declarar la guerra a Cuba. El Gobierno ha desclasificado estos documentos.

El 11-S fue diferente, ya que un grupo de los cargos electos más poderosos de la Administración estadounidense determinó a conciencia destruir una gran muestra representativa de la humanidad para salvarse a sí mismos en la inminente y acuciante crisis conocida como Pico del Petróleo.

Y está llegando una crisis de proporciones «cataclísmicas». Puede percibirse en todo cuanto nos rodea. Los precios de la gasolina y del gas natural están, o rozan, su valor más alto hasta el presente. La fruta y la verdura son más caras que nunca, aunque su calidad jamás ha sido peor. Esto es también un signo evidente del Pico del Petróleo. El transporte es caro, igual que los plátanos (si quiere comer plátanos en un futuro no lejano, lo más probable es que deba cultivarlos en su jardín). Las empresas petrolíferas más grandes del mundo no dejan de decimos que tienen muchas reservas de petróleo, si bien están decomisando los tanques antiguos y no están sustituyéndolos por tanques nuevos. Mark Williams, en su artículo para Tech­nology Review en febrero de 2005, afirmó: «Si los hechos, más que las palabras, de los principales implicados en el negocio del petróleo son el mejor indicador de cómo ven el futuro, entonces pondera lo siguiente. Los precios del crudo se han duplicado desde el año 2001, pero las petroleras han aumentado sólo una pequeña fracción su presupuesto para explorar nuevos campos petrolíferos. Asimismo, las refinerías estadounidenses operan casi a su capacidad total, si bien no se ha construido ninguna refinería nueva desde 1976.» Tampoco perforan más porque saben que no quedan más pozos petrolíferos grandes que buscar. Perforar más no implica que haya más petróleo. Significa un gasto mayor, que involuntariamente reduce los beneficios y trae pérdidas. También comporta realizar más agujeros en el suelo. Si estos agujeros tienen poco o nada de petróleo, no sirven. De hecho, «las petroleras invierten sólo el 12 % de su gasto total de capital en encontrar nuevos campos petrolíferos, porcentaje que ha bajado desde 1990, cuando se dedicaba casi una tercera parte», según un informe del banco de inversiones Credit Suisse First Boston, recogido por el servicio Dow Jones Newswire el 17 de enero de 2005. Para cualquier persona en su sano juicio, las consecuencias de esto deberían de ser evidentes por sí mismas. El hecho de que prácticamente no se realicen exploraciones ni se construyan refinerías implica que el cártel del petróleo, representado por los más poderosos dentro del Club Bilderberg, como los Rockefeller, Peter Suthedand (BP) y la reina Beatriz de Holanda, ha entendido con bastante claridad que no queda una cantidad considerable de petróleo por encontrar y que su inversión nunca se amortizaría.

La CIA supo que la producción de petróleo de Estados Unidos había alcanzado un máximo en la década de 1970 (www.ftomthewilderness.com/ftee/ww3/081503 _cia_russ_oil.html)
[ahora está caida esta página y el portal completo quitado de enmedio. Nota del Webmaster]Cheney, Bush, Baker, Zbig y compañía sabían lo que eso quería decir. Sin petróleo no había vida en la Tierra. La alarma saltó en los salones herméticamente sellados de la Casa Blanca. El gobierno estadounidense tomó la decisión de llevar a la historia de la humanidad por nuevos derroteros.

Este próximo fragmento es tan importante para la comprensión del 11-S que lo citaré libremente del mejor libro escrito sobre el tema. Michael C. Ruppert, ex miembro de la división de narcóticos de la policía de Los Ángeles, escribe en su extensa obra Crossing the Rubicon que «Dick Cheney y los neoconservadores urdieron un plan. Evidentemente, el primer objetivo de Dick Cheney y los neoconservadores había sido garantizar el control de la Casa Blanca en las elecciones del año 2000 para que el resto del plan pudiera ponerse en práctica si convenía [...]. Su siguiente tarea era averiguar cuánto tiempo quedaba hasta que todo empezara a desmoronarse tras la subida de los precios de la energía y la reducción de las reservas. ¿La situación era realmente mala? ¿Cuánto petróleo había en realidad? ¿Dónde estaba? ¿De quién era? ¿Cuánto tiempo quedaba para que se empezaran a parar las perforadoras? Había llegado el momento de averiguado todo con precisión y rapidez, pero en secreto. Cuando pasaron las elecciones del año 2000, los resultados obtenidos en el mar Caspio fueron cada vez más desalentadores. Esto explicaría la urgencia con la que la Administración Bush reunió al Grupo para el Desarrollo de Política Energética Nacional (NEPDG) -dirigido por Dick Cheney- inmediatamente después de tomar posesión del gobierno en enero [de 2001]. ¿Qué hacemos ahora? Ése era el tema central. Creo que aquí fue donde se articuló, comprendió y aceptó la razón de ser del 11-S. Aunque los preparativos para los atentados llevaban años gestándose, el momento de la verdad en el que llevados a cabo no llegó hasta que el grupo de Cheney analizó en serio las cifras. Esto explicaría por qué la Administración trató por todos los medios, hasta llegar al Tribunal Supremo de Estados Unidos, de ocultar esos informes y por qué Dick Cheney creyó necesario llevarse al juez [del Tribunal Supremo] Antonin Scalia a cazar patos en un intento desesperado de mantener en secreto los documentos [...]. Cuando el NEPDG concluyó su trabajo a finales de abril de 2001, creo que se había tomado la decisión irrevocable de pasar el Rubicón, la sangrienta línea entre una república enfermiza y el imperio que sobrevino irreversiblemente. En mayo de 2001, el presidente Bush puso a Cheney al cargo de toda la planificación de un atentado terrorista, dándole el control total de la FEMA [Agencia Federal de Gestión de Emergencias, un organismo gubernamental que depende del Departamento de Seguridad Interna (DHS) en el Directorado de Preparación y Respuesta a Emergencias. En épocas de revueltas civiles y guerras, asume el papel de gobierno secreto de Estados Unidos], de las fuerzas militares y de todo. En junio de 2001, la maraña de protocolos NORAD [Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica] que habían funcionado con eficiencia desde 1976 se volvieron a redactar para quitar de las manos de los comandantes de las Fuerzas Aéreas la mayoría del poder para tomar decisiones». Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos, ejecutivo del sector petrolífero, ex presidente de una de las corporaciones más parásitas del Planeta, la odiada Halliburton, era ahora el responsable.

Algunas páginas después, Ruppert prosigue: «Desde su punto de vista, los neoconservadores republicanos se enfrentaban al posible pánico y derrumbamiento espectacular de los mercados financieros, la pérdida de fe de la población en el sistema político, y la pérdida de su propio poder y riqueza si se sabía la verdad [...]. Dentro de su propia mente y de los parámetros de un sistema económico y gubernamental [...] es lo que creían que era su única opción lógica; al fin y al cabo, sólo se trataba de unas pocas miles de vidas. Otros dirigentes habían hecho elecciones similares en el pasado. Pero como aprenden todos los imperios, una vez cruzado el río, no hay marcha atrás. El pastel [del petróleo] estaba menguando y cualquier diversidad política que permaneciera en el sistema se abocaba a la extinción con tanta rapidez como miles de especies de este afligido Planeta. La inminente crisis energética iba a ser tanto apocalíptica como inevitable, e iba a llegar antes de lo previsto. Como cualquier operación gubernamental "bien planificada", la planificación y los preparativos iniciales para lo que sería el 11-S habían empezado en la Administración Clinton como un plan de contingencia.»

Pero las noticias sobre el mar Caspio supondrían un momento de decisión, el momento en que un plan diabólico y secreto se organizaría de un modo rápido y negligente. Se haría de un modo negligente porque había poco tiempo y la economía estadounidense estaba al borde de una crisis total.

«Rápidamente se desempolvaron una gran cantidad de planes de contingencia confidenciales, o antiguamente confidenciales, para un ataque organizado contra Estados Unidos, como la operación "Northwoods". Tal como muestra el gran tablero de Brzezisnki, la necesidad de que ocurriera algo de ese tipo ya se había reconocido en 1997 -justo cuando Al Qaeda y los talibanes entraban en escena como participantes internacionales y regionales-. La operación "Northwoods", des clasificada a finales de la década de 1990, se había diseñado en 1962.»

«Tal como Zbigniew Brzezisnki había escrito en 1997, la tarea "inmediata" era desarrollar y a la vez controlar una "amenaza exterior directa" para crear un ataque "como si fuera un nuevo Pearl Harbor". Eso requería un enemigo creíble [al menos en la mente de la población] y bien argüido [...]. Entonces, este ataque sería un pretexto para llevar a cabo una intervención militar secuencial a gran escala que permitiera garantizar el suministro energético de Oriente Medio y otras regiones. El elemento fundamental sería que los terroristas o sus aliados debían aparecer convenientemente en todas las áreas donde fuera necesario, puntualmente.»

Ruppert y varios expertos de renombre como el ex ministro de Defensa alemán Andreas von Buelow, el profesor de Economía de la Ottawa University Economics Michel Chos­sudovsky (www.globalresearch.ca) el investigador Paul Thomp­son (www.cooperatíveresearch.org) y el ex miembro de la Agencia de Seguridad Nacional Wayne Madsen (uno de los tres únicos interrogadores expertos en el «Informe 11-S» el 22 de julio de 2005, U.S. House of Representatives) han defendido de forma más que convincente la afirmación del gobierno de que «el hecho de que 19 secuestradores, financiados desde cuevas en Afganistán, fueran capaces de llevar a cabo lo que sucedió el 11 de septiembre es totalmente absurdo».

La crisis energética cada vez más grave y la escasez inminente de petróleo y gas natural en todo el mundo fueron el telón de fondo del atentado terrorista del 11-S, patrocinado por el gobierno, que se cobró la vida de 3.000 personas inocentes. Tras este horrible acto se encuentra un grupo de individuos que se auto denominan «sinarquistas». Creen que la violencia al servicio de la difusión de la «democracia» es su destino evidente. En consecuencia, este ideal se ha convertido en el legitimador filosófico de la ocupación estadounidense de Iraq. Además, los «sinarquistas» creen en la creación de un enemigo externo del Estado en caso de que no exista ninguno, dado que la perpetuidad de la guerra refuerza el control del gobierno, que sólo existe para imponer el orden en el caos natural de la sociedad humana. El «sinarquista» estadounidense más influyente era un profesor nacido en Alemania, Leo Strauss (de la New School for Social Research y la University of Chicago), cuyo principal protegido era el último Allan Bloom, tutor del ex vicesecretario de Defensa y actual presidente del Banco Mundial, el bilderberg Paul Wolfowitz, así como del ex fiscal general John Ashcron; yel propagandista de la «cuarta guerra mundial», y socio veterano de la Fundación Carnegie para la paz Internacional y miembro del Bilderberg: Robert Kagan.

El sinarquismo y el 11-S

El término «sinarquismo» se usa para definir un nuevo concepto de alianzas políticas establecidas por una hermandad internacional de economistas e industriales a través de la unidad de socialistas y anarquistas en torno a principios fascistas. Fue fundada en la década de 1870 por un ocultista francés, Joseph Alexandre Saint-Yves d'Alveydre (1842-1909), de una secta masónica secreta conocida como la Sociedad Martinista o martinistas, que usó el término en su libro L'Archéometre para describir lo que consideraba que era la forma de gobierno ideal. La filosofía que reside tras ese grupo se basa en la adoración de la tradición del emperador Napoleón Bonaparte. El movimiento sinarquista, fundado a finales del siglo XVIII, estaba formado por la oligarquía económica europea y por sociedades secretas, que gobernaban desde la sombra y cuyo objetivo final era establecer una dictadura fascista, la denominada dictadura sinarquista, una nueva versión global del Imperio romano. Fueron ellos los que financiaron en secreto a Napoleón y su conquista europea, al igual que financiarían el ascenso al poder de Hitler unos ciento cuarenta años más tarde, con el fin de promover un orden mundial en contra de la perspectiva de un mundo de repúblicas soberanas basadas en el Bien Común, incluido en la constitución de 1789 de Estados Unidos, que amenazaba su hegemonía con respecto a la población esclavizada de aquel entonces.

Detrás de la Sociedad Martinista está una red contemporánea de poderosos bancos privados de ese modelo oligárquico económico veneciano conocido como fondi. Las compañías de las Indias Orientales británica y holandesa, las precursoras del Consejo de los 300 y los hasta ahora despreciados bilderbergers son ejemplos de estos bancos mercantes privados. Lyndon LaRouche, ex candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos y uno de los principales economistas del mundo en los últimos veinticinco años, ofrece un análisis sorprendente del verdadero significado del movimiento sinarquista en un artículo especial publicado en la edición de abril de 2004 de The New Citizen. Esta información se esbozaba meticulosamente en los documentos de la Inteligencia militar estadounidense que se desclasificaron, en parte, entre 1983 y 1984, durante los inicios de la presidencia de Ronald Reagan. A través de sus contactos en la Casa Blanca, LaRouche accedió a estos valiosísimos documentos guardados en los Archivos Nacionales de Inteligencia Militar, el COI, la OSS, la Inteligencia de la Marina y la Oficina de Inteligencia del Departamento de Estado.

El tema o título de estos documentos, en tanto que recopilación, era «Sinarquismo/nazicomunismo». LaRouche se refirió a un informe de la Inteligencia militar francesa, con fecha de julio de 1941, que resumía un dossier de 100 páginas sobre los grupos sinarquistas franceses. Cito el informe:

El objetivo del movimiento sinarquista es básicamente derrocar, en todos aquellos países en que existan, regímenes parlamentarios que se consideran insuficientemente devotos a los intereses de estos grupos y, por lo tanto, resultan demasiado difíciles de controlar debido al número de personas necesario para controlarlos.

«El Movimiento Sinarquista del Imperio propone, por lo tanto, sustituidos por regímenes autoritarios más dóciles y más fáciles de manejar. El poder debe estar concentrado en manos de los directivos de la industria (y la prensa) [por ejemplo, Juan Luis Cebrián, Grupo PRISA, representante en el Club Bilderberg de los medios de comunicación en España] y en representantes designados de grupos bancarios de cada país [Matias Rodríguez Inciarte, Banco Santander Central Hispano, representante en el Club Bilderberg de la banca española].» Este concepto quedó más que confirmado durante la reunión del Club Bilderberg del 26 al 28 de abril de 1968 en Mont Tremblant, Canadá, por George Ball, que dirigió el genocida experimento de bombardeo estratégico estadounidense en Londres después de la Segunda Guerra Mundial (véase capítulo uno), y fue subsecretario de Estado de Asuntos Económicos durante la Administración JFK y Lyndon Johnson. La presentación de Ball, titulada Internationalization 01 business, definía lo que iba a ser la nueva política de globalización del Club Bilderberg (colonialismo basado en el concepto de una «empresa mundial») y cómo moldearía la política de este Nuevo Orden Mundial Internacional Sinarquista.

Ball dijo: «Para ser productivo debemos empezar nuestro estudio reconociendo explícitamente la falta de avance por fases entre el desarrollo de la empresa mundial -un concepto que responde a las necesidades modernas- y la continua existencia de una estructura política arcaica de Estados-nación, en su mayoría pequeños o únicamente de tamaño mediano, que está desarrollándose a ritmo de glaciar en respuesta a las exigencias del nuevo mundo en cuanto a esfera de acción y escala.» Pierre Beaudry escribe en el Mennevee Document on the Synarchy de junio de 2005 que «para Ball, la propia estructura del Estado-nación, y la idea de la Commonwealth, o del bienestar general de la gente, representaba el principal obstáculo contra cualquier intento de saquear libremente el Planeta, sobre todo los países débiles y pobres del mundo, y representaba el impedimento más importante para la creación de un imperio mundial neocolonial». En la página 97 de ese libro, Beaudry dice: «El objetivo detrás de todas y cada una de las reuniones del Club Bilderberg era determinar cómo crear una "aristocracia de intención" sinarquista entre Europa y Estados Unidos, y cómo llegar a un acuerdo en materia de política y economía y en la estrategia para gobernar conjuntamente el mundo. La alianza de la OTAN fue su base crucial de operaciones y subversión porque les proporcionaba el telón de fondo para sus planes de guerra perpetua, o como mínimo para su política de chantaje nuclear.»

Ahora bien, ¿alguien puede explicarme cómo los «buenos» socialistas como Cebrián, Solbes, Almunia, Miguel de Sebastián y Pepe Borrell, así como los humanitarios «bondadosos» con diversos proyectos sociales en marcha, como Inciarte y la reina de España, pueden asistir constantemente a las reuniones del Club Bilderberg sabiendo que el objetivo final de este des­preciable grupo de maleantes es la creación de un imperio mundial fascista! sinarquista?

En una palabra, la idea es dar a cada país una constitución política y una estructura económica nacional adecuada, organizada en pro de los siguientes objetivos:

1) Poner el poder político en manos de los elegidos y eliminar todos los intermediarios. Inciarte, de hecho, representa al imperio Botín, supeditado a los mayores intereses de los Bilderberg. Cebrián representa el Grupo PRISA de Polanco, que también representa los mayores intereses del Bilderberg. Como nota aparte, es bastante curioso que José María Aznar, que nunca fue invitado a un congreso del Club, fuera despreciado por el círculo interno del Club Bilderberg, sobre todo los eurófilos, como el recién elegido primer ministro italiano y un bilderberg habitual, Romano Prodi, que le consideraba un tonto ordinario.

2) Establecer una concentración máxima de industrias y suprimir toda la competencia injustificada.

3) Establecer un control absoluto de los precios de todos los bienes y materias primas. Los bilderbergers pueden hacerlo gracias a su férreo control del Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio.

4) Crear instituciones judiciales y sociales que prevengan todas las acciones extremas.

De hecho, Napoleón Bonaparte, el primer fascista ( La palabra «fascismo» apareció al introducirse el sinarquismo en Italia, donde lo llamaban «fascismo» para «italianizar» una enfermedad francesa denominada «sinarquismo». Es decir, se referían a la fasces, ro­mana, que había sido el símbolo de las legiones romanas que marchaban hacia la guerra, y llamaron a esto «fascismo»; pero, en realidad, se trataba del sinarquismo procedente de Francia. Pierre Beaudry, Mennevee Docu­ment on the Synarchy, en junio de 2005) de la historia, y la Revolución francesa, fueron creaciones y víctimas de los sinarquistas, tal como explico en las páginas siguientes.


Raíces históricas del sinarquismo

El fenómeno sinarquista está vinculado a la historia de Estados Unidos. En el siglo XV, durante el reinado de Luís XI (1461-1483) de Francia y el de Enrique VII (1485-1509) de Inglaterra, se hizo un gran esfuerzo por desarrollar, por primera vez en la historia de la humanidad, Estados-nación modernos en los que el principio de bienestar general, de bien común, era la ley de gobierno fundamental, una obligación del jefe de Estado o de gobierno, y de la nación. La base de ese ideal sentaría más tarde las bases de la primera república soberana de naciones-estado de Estados Unidos y su gobierno constitucional, que iban a usar los principales intelectuales europeos como Bailly y Lafayette, que habían elaborado juntos el borrador de la Constitución de la monarquía francesa, una copia de la Constitución de Estados Unidos que pretendía importar en Europa un gobierno constitucional que crearía los principios del bienestar general y la obligación de los gobiernos para con sus ciudadanos. Benjamín Franklin era el iluminado que dirigía el movimiento en Estados Unidos. «Con la victoria frente a la monarquía británica, por las fuerzas aliadas estadounidenses y francesas en Yorktown -escribe Lyndon LaRouche en Execu­tive Intelligence Review el 7 de septiembre de 2001-, el peligro más temido por esa monarquía y sus simpatizantes antirrepublicanos, como el duque de Orleans, en Francia, era el miedo a que Francia adoptara una reforma constitucional de su monarquía basada en los mismos principios expresados por la Declaración de Independencia de Estados Unidos y el borrador de la Constitución Federal de Estados Unidos de 1787.»Para los señores feudales que controlaron Europa con puño de acero durante toda la Edad Media, la idea de libertad y de Estados-nación, igualdad y bienestar general era sacrílega. El ideal de una república constitucional basada en los principios de bienestar general tenía que ser cortado de raíz. En 1789, las fuerzas de Gran Bretaña y del continente europeo que se oponían a la idea de una república auténtica, lideradas por lord Shelburne, controlador político del Barings Bank, la Compañía de las Indias Orientales británica, y el Consejo de los 300, habían creado un movimiento de oposición a Franklin en Francia, conocido como la logia masónica martinista. Se trataba del culto martinista, que más tarde pasó a conocerse como el movimiento sinarquista, responsable, desde el punto de vista ideológico, de preconcebir la Revolución francesa, desde 1789 hasta la caída de Napoleón. Y estaba controlado por la Inteligencia británica, y sus vastas reservas de oro, bajo la dirección de lord Shelburne, y después por Jeremy Bentham, de la Oficina de Relaciones Exteriores británica, su mano derecha.

La Revolución francesa, y el posterior período de Terror Jacobino (1789-1794), se creó para evitar a cualquier precio que Francia se convirtiera en el segundo país en adoptar una constitución, siguiendo el ejemplo de la Revolución norteamericana. Fue dirigida desde Londres por lord Shelburne y contó entre sus principales defensores con el conde Joseph de Maistre, el principal teórico de la Revolución francesa y un importante teórico de la Iluminación.

¿Por qué Londres, enemigo declarado de Napoleón, desempeñaría un papel tan relevante en la creación del primer fascista moderno de la historia? Porque las guerras napoleónicas destruyeron el continente europeo, dejando a Gran Bretaña como la única superpotencia. Las guerras napoleónicas también acabaron con las intenciones de los líderes europeos que respaldaban la Revolución norteamericana y con la esperanza de que en Europa surgiera un eficaz sistema de Estados­nación. Estos sueños fueron destruidos astutamente por lord Shelburne y la Corona británica con las guerras napoleónicas, a través de los radicales agentes británicos jacobinos en Francia, el duque de Orleans, llamado «Philippe Egalité», y Jacques Necker, banquero suizo y agente británico, que organizaron un incidente terrorista, conocido como la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, como parte de la campaña electoral de Necker, para ser designado primer ministro francés. Todo estaba preparado de antemano. Fue llevado a cabo por los sinarquistas y sus agentes, Georges Jacques Danton y Jean Paul Marat, bajo la dirección, patrocinio y control del inglés lord Shelburne. El resultado de este proceso de destrucción fue un jefe de Estado nietzscheano, Napoleón Bonaparte, el primer fascista moderno, la imagen de la destrucción por el puro placer de destruir. LaRouche afirma en el número del 7 de septiembre de 2001 de Executive lntelligence Review, justo cuatro días antes del 11-S, que «la esperanza de tener una Francia con una calidad duradera de constitución republicana, conforme a la esbozada durante el liderazgo de Bailly y Lafayette, tuvo que esperar hasta la derrota de Napoleón III, así como hasta la consecución de notables logros como la Constitución de la Quinta República bajo la presidencia de Charles de Gaulle».

Al final, el sinarquismo no es más que la continuación de la tradición de Napoleón Bonaparte. Hitler y Bush son dos ejemplos actuales de esta locura histórica.

El plan para destruir la Revolución norteamericana

Lyndon LaRouche, candidato a la presidencia de Estados Unidos por los demócratas, escribe en las páginas de la Executive lntelligence Review, principal revista de investigación, que «la Revolución norteamericana fue un proyecto concebido en Europa, por parte de las mentes europeas más brillantes. En ella intervino, en parte, sobre todo desde las décadas de 1750 y 1760, Benjamin Franklin. Crear una república auténtica. La república sería soberana; la gente sería soberana. No tendrían un jefe supremo externo que dirigiera la nación ni a ellos mismos. La legitimidad del gobierno se basaría, totalmente, en un compromiso del gobierno para promover de un modo eficiente el bienestar general de absolutamente toda la población. Y, también, para promover el bienestar general de la posteridad. Los principios jurídicos englobados en el prefacio de nuestra Constitución [la de Estados Unidos], que es la ley fundamental de nuestra república constitucional».

Eso no gustó a todos, ya que la república estadounidense era el mayor peligro para los intereses de la banca internacional, que al finalizar la Primera Guerra Mundial ya se auto denominaban sinarquistas y afirmaban abiertamente que «ellos nunca permitirían que existiera un gobierno que pone la autoridad del Estado por encima de los intereses de los banqueros». En esencia, ése es el verdadero significado del Sinarquismo Internacional. Esto se convirtió en la base para impulsar en Italia a Mussolini. Hitler fue fruto de esto: una opulenta cábala de banqueros liderada por el director del Banco de Inglaterra, Montagu Norman, que trabajaba en tándem con los Rockefeller, los Morgan, los Loeb, George Herbert Walker (bisabuelo de George W. Bush) de Brown Brothers Harriman, y el banco asesor de inversiones más destacado del mundo, Lazard Freres, una de las empresas financieras clave del Bilderberg y uno de sus fundadores que puso fondos en las arcas nazis, con lo cual financió la subida al poder del nazi psicópata. (En octubre de 1932, en medio de una depresión económica global cada vez más profunda, Hjalmar Schacht, sinarquista y ex director del Banco Central alemán, el Reichsbank, durante el discurso de apertura de la Unión Paneuropea en Berlín, proclamó que «en tres meses, Hitler estará en el poder [...]. Hitler creará una Paneuropa». El pronóstico de Schacht fue de lo más curioso en el momento en que se hizo. Los nazis estaban a punto de ser derrotados en las elecciones alemanas de noviembre de 1932, el partido estaba casi en quiebra, y Hitler y sus miembros más importantes hablaban abiertamente del suicidio.) Francisco Franco también fue fruto de esto, al igual que los sionistas antisemíticos de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con los sinarquistas. La Oficina de Servicios Estratégicos (055, por sus siglas en inglés), precursora de la CIA, los calificaba simplemente de nazicomunistas. Derecha-izquierda. Como ejemplo de este «duopolio imparcial», la reunión inaugural del Movimiento Paneuropeo fue sufragada por Max Warburg, de la familia de banqueros alemanes Warburg. Unos cuantos años antes, Paul, un hermano de Max que vivía en Estados Unidos, había redactado la legislación para el establecimiento del banco privado de Estados Unidos, la Reserva Federal. Max War­burg era director del gran cártel químico IG Farben, que ayudó a subir al poder a Hider. Sin embargo, Warburg también ayudó a Lenin a regresar a Rusia en 1917, tal como expliqué en mi primer libro sobre el tema, La verdadera historia del Club Bilderberg, lo cual sentó las bases de la Revolución bolchevique que Hitler trataría de destruir años más tarde. De nuevo, la filosofía Bilderberg-sinarquista pasa por el completo control de ambas partes del conflicto.

Y una vez que se controlan ambos extremos del espectro político, se controla el gobierno a través de la banca y los intereses comerciales. Por este motivo, en la actualidad, en los albores del siglo XXI, la idea de Hitler, (En contraposición a los cuentos que se explican en los libros de historia moderna, el fascismo no empezó en Alemania, sino en Francia, con Napoleón Bonaparte. Su controlador secreto era lord Shelburne de Gran Bretaña, y se creó para acabar con la Revolución norteamericana) la representación del horror, perdura en la filosofía del Club Bilderberg. Lynn Picknett y Clive Prince lo describen así: «Por lo tanto, no importa qué partido político ostente el poder en un Estado, ni siquiera qué sistema político adopte ese Estado, ya que los sinarquistas entrarán en acción y asumirán el control de las instituciones estatales clave.»

El gobierno de la banca

La democracia parlamentaria actual se basa en un jefe de Estado «elegido», un Parlamento, que puede disolverse en cualquier momento en que se decida organizar una crisis, y una tercera rama del gobierno a cargo del sistema financiero, denominado «sistema bancario central independiente». En Estados Unidos, este sistema de banca «independiente» se conoce como Reserva Federal, un banco privado. En Europa, siguiendo con la tradición diseñada por los sinarquistas, el sistema de banca independiente se gestiona a través del Banco Central Europeo, cuya política monetaria la establecen sus líderes sinarquistas y los miembros de la élite Bilderberg, como Jean Claude Trichet. En Gran Bretaña, este sistema independiente lo dirige el Banco de Inglaterra, una importante institución sinarquista. El Banco Central Independiente controla la emisión de moneda, los tipos de interés y los créditos nacionales y, en cualquier momento en que al gobierno le disguste, usa su poder para planear su derrocamiento. Margaret Thatcher, por ejemplo, fue derrocada porque se negó a «permitir que un grupo de banqueros no electos gobernaran su país». Todo esto es responsabilidad de la cábala sinarquista. Con la llegada del 11-S, conscientes de que todo el sistema económico estaba en declive por una mezcla de atroces políticas monetarias, una demanda surrealista de crecimiento infinito y la escasez de recursos naturales, sobre todo petróleo y gas natural, los sinarquistas han optado por asumir el control de Estados Unidos, por convertirse en el instrumento de su política, usando a George W Bush como su marioneta, como hicieron en otros tiempos con Hitler.

Cuando llegaron los resultados de los estudios secretos en la cuenca del mar Caspio, la cábala de banqueros debió de preguntarse: ¿qué nos pasará si los resultados de estos estudios salen a la luz pública? El poder del gobierno soberano es cuidar de la población y la nación. Eso es lo que había detrás del ideal de un Estado-nación y del bienestar general. El ideal de la Revolución norteamericana quedaba reflejado en su Constitución, que afirmaba que el gobierno y su pueblo ejercían su soberanía, que ninguna autoridad externa, incluidos los banqueros, podía subvertir, ni podía destruir el bienestar general del pueblo desde el exterior, ni podía poner en peligro nuestra posteridad.

«El papel central de Schacht [ex director del Banco Central alemán, el Reichsbank] en el golpe de Estado de Hitler y en la Unión Paneuropea -escribe LaRouche en el número de abril de 2004 de New Citizen- es un ejemplo de la dimensión más crítica de los intentos del sinarquismo por establecer un orden mundial fascista universal: la autoridad jerárquica del mundo financiero y sus tecnócratas del mundo de la banca.»

Así pues, no debería sorprender a los lectores más astutos des­cubrir que la autoridad absoluta en la Unión Europea no la tienen los funcionarios electos ni los comisarios europeos, sino más bien los miembros del Banco Central Europeo no electos, que no responden más que a sí mismos y a sus intereses espe­cíficos. El Banco Central Europeo forma parte del Imperio sinarquista mundial. Estamos haciendo oídos sordos a esto, con el riesgo que ello supone para nosotros.

El historiador Carroll Quigley, uno de los eruditos más importantes del Establishment, además de tutor y profesor de Bill Clinton, en su monumental Tragedy and Hope, publicado en 1966, describe un plan para establecer una dictadura en el terreno financiero mundial y, así, en el terreno político mundial: «Los poderes del capital financiero tenían otro objetivo de largo alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control económico en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en conjunto. Este sistema sería controlado de un modo feudal por parte de los bancos centrales del mundo, que actuarían poniéndose de acuerdo en secreto en frecuentes reuniones y conferencias privadas [léase reuniones del Club Bilderberg, del CFR, de la Comisión Trilateral, etc.]. En la cúspide de este sistema estaría el Banco Internacional de Pagos en Basilea, Suiza, un banco privado propiedad de los bancos centrales del mundo, y controlado por ellos, que eran ellos mismos corporaciones privadas.»

Quigley continúa: «Cada banco central, en manos de su gobernador, pretendía dominar a su gobierno mediante su capacidad de controlar los préstamos del Tesoro para manipular los tipos de cambio extranjeros, para influir en el grado de actividad económica del país y para influir en los políticos cooperativos mediante posteriores recompensas económicas en el mundo empresarial.»

«Sinarquismo nazicomunista»

Para controlar completamente el sistema monetario mundial, tenía que idearse una fórmula que permitiera que los principales intereses bancarios del Planeta controlaran las preocupaciones bancarias locales, como el Commonwealth Bank of Australia, por ejemplo, que necesitaba introducirse en la red de la ciudad de Londres. El ex tesorero y el entonces primer ministro de Nueva Gales del Sur [Australia], Jack Lang, describió así este sistema en su libro sobre la depresión de Sidney de la década de 1930, The Great Bust: «De sus deliberaciones surgió el plan para centralizar el control de toda la banca en todo el imperio, canalizándola directamente hacia la supervisión del Banco de Inglaterra. El Banco de Inglaterra se convertiría en el banco de los superbanqueros. El Commonwealth Bank of Australia sería responsable de la administración local de la política del Banco de Inglaterra. Incluso decidió dirigirse al Banco Mundial, que sería gestionado por la Liga de Naciones, que dirigiría el crédito mundial. Dado que el libro se publicó en 1962, este sueño del Nuevo Orden Mundial se ha hecho realidad con creces, dado que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional controlan el dinero de todo el mundo. La idea central era que un único Consejo de Administración tomara las decisiones que determinaran la política económica mundial. Los banqueros serían los gobernantes supremos. Si el Banco de Inglaterra podía controlar el Commonwealth Bank of Australia, no habría impedimento en controlar también el gobierno del país.»

«El control sinarquista de los gobiernos independientes era la cuestión fundamental -escribe Lyndon LaRouche- porque en épocas de gran crisis económica, los gobiernos elegidos por el pueblo tienden a responder poniendo en práctica medidas para el bien común del pueblo», en contraposición a los predadores intereses de la élite de la banca. Por este motivo, el vicepresidente de Estados Unidos, controlado por los sinarquistas, Richard «Dick» Cheney, es el principal sospechoso en los crímenes del 11-S. En Crossing the Rubicon, de Michael C. Ruppert, con más de mil notas a pie de página, hay tres puntos principales que son fundamentales para demostrar la culpabilidad de Dick Cheney. Michael Kane, en la publicación en Internet From the Wilderness del 18 de enero de 2005, resume estos tres puntos de la siguiente forma:

1. Medios: Dick Cheney y el Servicio Secreto. Dick Che­ney dirigía una cadena totalmente independiente de mando y control a través del Servicio Secreto, lo cual garantizó la parálisis en la respuesta de las Fuerzas Aéreas en el 11-S. El Servicio Secreto cuenta con la tecnología necesaria para ver las mismas pantallas de radar que la Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés) ve a tiempo real. También tiene potestad legal y la capacidad tecnológica para dar una orden suprema en casos de emergencia nacional. Dick Cheney fue el co­mandante en jefe en activo en el 11-S.

2. Motivo: Pico de producción de petróleo. En algún momento, entre los años 2000 y 2007, la producción mundial de petróleo llega a un máximo; a partir de ese punto, va a ser cada vez más difícil encontrar cada barril de petróleo, más caro de recuperar y más valioso para quienes lo recuperen y controlen. Dick Cheney ya sabía bien en 1999 que la crisis Pico del Petróleo iba a llegar, y el 11-S fue el pretexto para declarar la serie de guerras energéticas que Cheney afirmó que «no tendrá fin mientras vivamos».

3. Ocasión: Simulacros de ataques del 11-S. EI 11-S por la mañana, las Fuerzas Aéreas llevaban a cabo diversos simulacros y ejercicios antiterroristas en los que simulaban secuestros en Estados Unidos y que incluían (como mínimo) un ejercicio de simulación de secuestro de aviones, así como simulaciones en las que se colocaban «falsas alarmas» en las pantallas de radar de la F AA. Estas maniobras de combate guardaban un misterioso parecido con los hechos reales del 11-S, hasta el punto de que las maniobras de las Fuerzas Aéreas implicaban el secuestro de un avión mientras la trama del 11-S se desarrollaba de verdad. Las maniobras de combate y estrategia y los entrenamientos para acciones terroristas desempeñaron un papel crucial para garantizar que ningún soldado de las Fuerzas Aéreas, entrenado toda la vida para ese momento, pudiera evitar los atentados. Estos ejercicios estaban dirigidos por Dick Cheney.


La documentación de apoyo ofrecida como prueba en Crossing the Rubicon hace que la implicación de Cheney y, por tanto, de los sinarquistas, sea una posibilidad real.

MEDIOS: Dick Cheney y el Servicio Secreto Cheney era comandante en jefe el 11 de septiembre y dirigía una cadena de mando a través del Servicio Secreto.

El Servicio Secreto tiene potestad legal para dar órdenes a todos los organismos de Estados Unidos en caso de emergencia nacional en territorio estadounidense. Incluso las Fuerzas Aéreas reconocen la supremacía del Servicio Secreto.

El Servicio Secreto dispone de sistemas de comunicación tecnológica más avanzados que cualquier otro organismo estadounidense, tal como debería ser.

En la 11-S, el Servicio Secreto contaba con la tecnología para ver las pantallas de radar de la FAA en tiempo real.

El Servicio Secreto se encontraba ya en el círculo de toma de decisiones desde las 8.15 horas del 11 de septiembre, no más tarde de las 8.45 horas.

Todo estaba en orden el de septiembre para que el comandante en jefe asumiera el control total y supremo de las Fuerzas Aéreas a través de los sistemas de comunicación del Servicio Secreto, así como la potestad legal para tomar el mando supremo.

Sin embargo, Bush estaba leyendo un cuento sobre una cabra en la escuela primaria Booker. El Servicio Secreto estaba próximo a él y optó por dejarle allí mientras se desarrollaba la trama del 11-S. El Servicio Secreto de Bush estaba totalmente comunicado con los agentes del Servicio Secreto de Cheney en el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia cuando se desarrolló la trama del 11-S.
Dick Cheney era el comandante en jefe en activo el 11 de septiembre y el Servicio Secreto tenía el mando supremo.

MOTIVO: Pico de producción de petróleo El mundo está a punto de quedarse sin petróleo.

· La mitad del petróleo del mundo se ha agotado o está a punto de hacerlo.

· Una vez que se cruce esa barrera, cada barril de petróleo será más difícil de encontrar y más caro conforme aumente la demanda. Controlar las últimas reservas de petróleo disponibles es la clave para controlar el mundo.

· Casi todo en la sociedad moderna (vehículos, edificios, puentes, armas, productos de consumo, etc.) consumen petróleo en su fabricación o en su funcionamiento, o en ambos procesos a la vez.

· La energía barata y abundante de los hidrocarburos mantiene al mundo industrial en caliente y nos cocina los alimentos. La mayor parte de las casas tienen calefacción de gas natural.

· Nos «alimentamos» de petróleo y gas natural: por cada caloría de energía alimentaria producida, se consumen 10 calorías de energía procedentes de los hidrocarburos.

· Cuatro días después de haberse convertido en vicepresidente, Dick Cheney convocó a su Grupo para el Desarrollo de Política Energética Nacional (NEPDG), quien le proporcionó gran cantidad de información sobre el pico de producción del petróleo de manos de expertos de renombre internacional. Se ha negado a hacer públicos los documentos derivados de esas reuniones ante el Congreso o ante el pueblo estadounidense. From the Wilderness ha sostenido siempre que los secretos mejor guardados y oscuros del 11-S están en esos documentos

Dick Cheney conocía la existencia del pico de producción mundial de petróleo al menos desde 1999. Conoce el impacto económico del agotamiento del petróleo y los efectos catastróficos que tendrá.

El 11-S hizo posible que Dick Cheney dijera que «la guerra no tendrá fin mientras vivamos». Esta guerra persigue los últimos restos de hidrocarburos en el Planeta. La «guerra antiterrorista» es en realidad una guerra energética y el 11-S fue el pretexto para desenca­denarla.

OCASIÓN: Simulacros de ataques del 11-S

Cheney supervisaba varios simulacros de ataques y ejercicios antiterroristas el 11-S que paralizaron la reacción de las Fuerzas Aéreas estadounidenses.

· En mayo de 2001, Dick Cheney recibió, por mandato presidencial, la responsabilidad directa de supervisar la «integración total» de todos los ejercicios de entrenamiento del gobierno federal y de los organismos militares.

· La mañana del 11 de septiembre de 2001 empezó con varios ejercicios de simulacro de situación de guerra y ejercicios antiterroristas que Cheney, tal como le había ordenado el presidente, debía supervisar.

· Los simulacros de guerra y los ejercicios de alertas antiterroristas incluían ejercicios en condiciones reales con aviones militares que desempeñaban el papel de aviones civiles secuestrados en el espacio aéreo de Estados Unidos, así como ejercicios de simulación que consistían en colocar «falsas alarmas» (señales de radar de aviones que son en realidad virtuales) en las pantallas de radar de la FM. Uno de los ejercicios, llamado Northern Vigilance, movilizó cazas de las Fuerzas Aéreas hasta Canadá para simular un ataque aéreo ruso, de forma que había muy pocos cazas en la costa Este para responder. Todo esto paralizó la reacción de las Fuerzas Aéreas, lo cual garantizó que los pilotos de los cazas no pudieran evitar el 11-S.

· Un individuo desconocido en el centro de mando, al que el mayor Don Arias, del NORAD, se refirió como el «maestro», coordinó los ejercicios de simulacro. Es posible que haya habido más de un maestro, pero nadie está dispuesto a dar nombres. From the Wilderness preguntó sobre este asunto a todos los cargos relevantes en el gobierno y en el ejército, aunque en vano. Nuestra investigación reveló que el maestro era Dick Cheney, o el general Ralph «Ed» Eberhart, o ambos a la vez.

· Quienquiera que coordinara las maniobras bélicas de las Fuerzas Aéreas estaba a las órdenes de Dick Cheney, que a su vez era responsable de dirigir un simulacro de ataque terrorista en la orilla oeste de Manhattan el 11 de septiembre llamado Tripod 2. Este ejercicio implicaba el establecimiento, el 11 de septiembre, de un centro de mando y control que estaba configurado exactamente igual que el destruido esa mañana en la torre 7 del World Trade Center. Era el centro de mando perfecto para responder a la crisis y estaba bajo la dirección de Dick Cheney antes de que ocurrieran los secuestros. ¡Qué apropiado!

· Dick Cheney fue uno de los responsables del gobierno que decidieron que esos simulacros de gran envergadura tuvieran lugar el 11 de septiembre. Esto sucedió mientras los Servicios de Inteligencia estadounidenses habían recibido decenas de advertencias procedentes de gobiernos y agencias de Inteligencia que indicaban que había terroristas que tenían planeado secuestrar aviones comerciales y estrellados contra blancos estadounidenses en tierra durante la semana del 9 de septiembre de 2001.

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Hacia un nuevo imperio global

“Algo debe reemplazar a los gobiernos, y el poder privado me parece la entidad más adecuada para hacerlo” David Rockefeller “Guste o no guste tendremos un gobierno mundial. La única cuestión es si será por concesión... o por imposición” James P. Warburg

Imagenes FEMA del WTC despues de los atentados del 11s

A Kurt Sonnenfeld se le encomendó como camarógrafo en la documentación en imágenes de la “zona cero”, el centro neurálgico del ataque “terrorista” sucedido el 11 de septiembre.Kurt guardó ciertas imágenes que al gobierno de los EEUU no le interesa que tenga y desde entonces ha sido perseguido, lo que dio lugar a que se refugiara en Argentina. Un juez y el fiscal general de este país negaron recientemente la solicitud de extradición solicitada por el gobierno de EEUU.
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